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martes, 12 de enero de 2016

Soñando despierta.

Cuando decido que hoy va a ser el día que más voy a dormir, con cuatro horitas me basta y me levanto pronto. Y cuando decido que quiero madrugar, me quedo pegada a las sábanas. Odio mi cabeza.

Llevo días bastante perdida ya, como sin rumbo. Mi cabeza da muchísimas vueltas últimamente y me da la sensación que voy a pique en los estudios. Tampoco es que vaya a pique, pero sé que no me esfuerzo tanto como podría. Lo cierto es que, una semana me siento así, y la otra estoy súper feliz, así que mi vida tampoco es muy congruente que digamos. No soy una persona que valore mucho el dinero en sí, lo ahorro y esas cosas pero porque el mundo está hecho para vivir “en buenas condiciones” si tienes de ese papel que produce tanta codicia en los seres humanos y que destroza miles de vidas cada día. Pero, dejando de lado la mierda que es, tengo algunos sueños que tal vez sean... algo materialistas por así decirlo, aunque la mayoría creo que no lo son, En fin, suerte que el soñar es gratis, o al menos de momento, y eso me salva muchas veces de mis ralladas monumentales.

Sueño en acabar la carrera y en conseguir un trabajo que me llene, que me haga sentir completamente a gusto con lo que hago y que no me canse de hacerlo ni en una eternidad. Sueño en la inmortalidad de mi abuela para que nunca se acaben esas ollas de sopa tan rica que me prepara. Y en la de mi abuelo, simplemente por ser él. Sueño en no separarme nunca de mi hermano, y en ser uno de sus pilares hasta que le falte. Sueño en ser lo suficientemente buena para mis padres, y en llegar a formar una familia tan guay como la que han logrado formar ellos. Sueño en llegar a saber tanto de la vida como lo hace mi padre, y a saber ser tan adulto y tan niño a la vez, entendiendo así a cualquiera que se le ponga delante. Sueño en que él fuese una flor inmarcesible.

Sueño en pasar toda mi vida con esa mirada tan pura de la cual me enamoré al instante. Sueño en no dejar de tener mariposas cada vez que paso unos días sin verla. Sueño en hacer miles de locuras a su lado, sin importarnos las consecuencias. Sueño en que no nos cansemos nunca de quedarnos en la cama dándonos cariño y hablando durante horas. Sueño en miles de noches locas llenas de juegos interminables. Sueño en no dejar de provocarle placer y en no dejar de quedarme dormida cada vez que me provoca cientos de orgasmos seguidos. Sueño en irme de viaje muy lejos con él y durante muchos días, perdidos en medio de una montaña en Noruega, o tomando el sol en las islas Fiji, qué cojones, que también sienta bien. Sueño en tener una gran casa con jardín y un bóxer correteando por ahí y jugando con un niño y una niña. Una niña de ojos color avellana, pelo ondulado y de color castaño, y un niño de ojos verdes con unas orejitas salidas muy monas, iguales a las de su padre. Sueño en no envejecer nunca, en tener más años que una tortuga. Sueño, otra vez, en llegar a ser la cereza perfecta junto a la que completa el par y, en el caso de corrompernos, pasar toda la eternidad bailando con ella entre las corrientes del mar.

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